¿Por qué quemamos todos nuestros días en la procrastinación? ¿Qué es lo que nos hace auto-boicotearnos sin darnos cuenta y cómo tratarlo? En Tu Mejor Versión, vamos a charlar un poco acerca de esto.

Mi experiencia con la procrastinación es una especie de ciclo sin fin, que día a día intento romper. Mayormente, dejo para después todo aquello que necesito hacer y ayuda a cumplir mis sueños por enfocarme en aquellas responsabilidades diarias que debo tomar como prioridad como lo es el trabajo.

En este momento, debido a la situación global de aislamiento social obligatorio, estoy teniendo más tiempo en mi casa, lo que me ayudó mucho a repensar, y a compensar con todo lo que vengo dejando pendiente y arrastrando hace mucho. Es muy importante para mí poder ir atando cabos y sentirme ‘al día’ conmigo misma, es una renovación enérgica muy hermosa.

Todo recobra sentido cuando partimos desde la raíz

Imágen por Cristofer Jeschke en Unsplash

Para empezar, lo que yo considero que me llena de fuerzas para un nuevo comienzo es recordar por qué mi rutina está, quizás repleta de tareas que me disgustan. Todo lo que hacemos está dirigido hacia simbólicos puntos de llegada. Estoy envuelta, por ejemplo, en un trabajo enajenado que me frustra, pero a la vez me provee de los recursos necesarios para cumplir mi meta.

Esto me ayuda a recordar que todo sacrificio es momentáneo y que ese pensamiento es una de las pocas formas que tengo para encontrarle un sentido a aquel sufrimiento. Pero, ¿qué pasa cuando me pierdo en el enojo y la frustración, así olvidando por qué arranqué? Comenzamos, o al menos yo, comienzo a posponer las demás actividades necesarias para avanzar.

Es de la casa al trabajo, del trabajo a casa, a comer, a dormir y así sucesivamente: acá es donde la procrastinación toma protagonismo.

Cuento mi experiencia para exponerla como punto de partida

Soy estudiante de musicoterapia, una carrera dentro de la Facultad de Psicología (en el caso de mi universidad), que tiene como fín utilizar a la música y sus elementos, tales como el ritmo, armonía y melodía, como un medio para satisfacer las necesidades físicas, emocionales, mentales, sociales y cognitivas del paciente, a cargo de un musicoterapeuta calificado.

Más allá de mis estudios, trabajo en una fiambrería en la ciudad donde vivo para así juntar el dinero necesario para solventar mis estudios. Con esto me refiero a trabajo enajenado, por más que el ambiente donde trabajo sea tranquilo y maneje una buena relación con compañeros, no deja de resultarme una tarea del todo innecesaria para mí, más allá del dinero, y esto me frustra totalmente.

Debido a esto, cuando llego a casa lo único que anhelo es comer para recuperar energías y dormir, así dejando mis tareas (que deberían significar una prioridad) de lado, y acumulándolas en una pila interminable que luego se me viene encima.

Es por esto, que siempre recurro a el punto cero, a organizarme desde abajo y volver a arrancar, porque no es para nada saludable el terminar haciendo cosas a último momento con los nervios de punta. La procrastinación, realmente, no algo sano.

Muy bien, pero esto… ¿cómo lo llevamos a cabo?

Imágen de Kelly Sikkema en Unsplash

El primer paso es la organización, en nuestro día de descanso, agarramos una libreta, una agenda, pegatinas y comenzamos a organizar día por día en relación a los tiempos que tengo en cada uno de ellos. Esta lista de tareas creo que debe satisfacer a las metas semanales que tenemos.

En mi caso, por ejemplo, tengo como meta semanal tener listas dos estrofas y un estribillo de una nueva canción. Como tarea de lunes podría poner:

”Dedicar una hora de mi día a escribir la letra que me gustaría ponerle a la canción”.

Y así día por día hasta llegar a la meta final que es tener preparadas dos estrofas y un estribillo con letra y música.

Bien, ¿y ahora?

Lo siguiente es la constancia, muy muy importante. Y creo que es lo más difícil. Hay una realidad, no todos los días tenemos la misma cantidad de tiempo libre y hay una infinidad de posibilidades para problemas y situaciones fuera de lo común que pueden atravesarnos. Es por esto, que creo muy necesario mantener la calma y no sobre-exigirnos ya que esto no es para nada sano tampoco.

Si un día no llegamos a realizar alguna tarea propuesta, lo dejamos para el siguiente. Lo importante acá es mantener nuestra estabilidad mental y sentirnos bien con nosotros mismos, si nos presionamos estamos perdiendo el foco.

Recordá siempre priorizar tu bienestar y el de la gente que te rodea. Tomarte un tiempo para descansar día a día, analizar lo que te pasó, cómo te afecta tu relación con los demás y con el ambiente que te rodea.

El presente es una oportunidad y muchas veces lo dejamos pasar por situaciones pasadas y presiones de lo incierto del futuro. Y así vamos perdiendo el sentido de nuestros días y alejándonos cada vez más de aquella persona que se atrevió a soñar y a romper con todo aquello que una vez le lastimó.

Pensar fuera de la caja
Imágen de Nikita Kachanovsky en Unsplash

Es hora de remontar todas aquellas pasiones que acarreamos de la infancia, esa inocencia con la que planeabamos hacia lo más alto, pero esta vez con la conciencia en lo que realmente encontramos afuera y sabiendo muy bien cómo esto puede o no afectarnos.

Ya vieron cómo de un día para otro todo puede arrebatarnos hasta las cosas más simple, y qué tan frágil es nuestra existencia en el mundo. Y cómo la procrastinación de nuestras metas condiciona su cumplimiento.

¿Vas a ahogarte en el sinsentido o por una vez intentar dárselo vos?

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